La terapia familiar sistémica nació entre dos modelos psicoterapéuticos poderosos en el contexto sociocultural y científico de la época: psicoanálisis y conductismo, lo que la llevó a tener que mostrar algo novedoso, a diferenciarse para conseguir su espacio. Esto la hizo renegar de conceptos e ideas que, hasta entonces y en el ámbito que nos ocupa, estaban fuertemente arraigados. Nos referimos a términos como diagnóstico, pronóstico, etiología, etc. todos ellos procedentes del modelo médico, alejándose también de las formas clásicas del estudio e investigación en el territorio de la salud y del sufrimiento humano. Los sistémicos, como dice Linares, nos creíamos revolucionarios y, en gran medida lo fuimos dado que aportamos ideas que han sido retomadas y aceptadas por otros modelos, pero ciertamente no llegamos a tomar los cuarteles de invierno.

Tras el impacto inicial de las ideas sistémicas, el lugar y posición que ocupamos en la comunidad científica sigue siendo modesto y lo sigue siendo porque hemos estado demasiado complacientes con nosotros mismos. Hemos visto ciertamente como el modelo se extendía hacia contextos muy distintos al inicial, al de la clínica psicopatológica. Así hemos contagiado el quehacer y el pensamiento de los servicios sociales, del contexto educativo, el judicial y el organizacional, no sin un coste elevado que ha sido el de perder casi los orígenes (la clínica dura), pero seguimos teniendo pendiente una asignatura troncal: la investigación.

Aunque si bien es cierto que desde hace años muchos autores realizan trabajos de investigación en temas de familia, pareja o de redes de importante calado, seguimos estando muy volcados a la actividad terapéutica sin que emprendamos estudios que demuestren el valor, la eficacia y la eficiencia de las intervenciones sistémicas (salvo honrosas excepciones).

Nuestra federación lleva años premiando trabajos de investigación en nuestro campo, trabajos que con un perfil científico claro permitan ayudar a situar al modelo sistémico en el lugar que corresponde dentro del concierto de modelos psicoterapéuticos. Esto ayudaría al reconocimiento no solo de las ideas sistémicas, sino especialmente de los profesionales que las profesan y las ponen en práctica en su quehacer cotidiano.

Es por ello que FEATF os anima a que elaboréis estudios de lo que hacéis, que tejáis redes de contacto con otros colegas para compartir experiencias y trabajos, que publiquéis en nuestra revista (o en otras) los mismos, y que os atreváis a presentar dichos trabajos al premio que cada año se pone en marcha y que cuenta con una interesante ayuda.

Todos ganaremos con ello, pero especialmente los que lo hagáis.

JAVIER BOU

VOCAL DE LA COMISIÓN DE INVESTIGACIÓN DE FEATF