Irune Inchaustegui Dominguez pertenece a la Sociedad Catalana de terapia familiar.
Vive en Menorca y trabaja en los servicios sociales de Maó como terapeuta.
Trabaja con muchas familias y niños que atraviesan divorcios y guerras interminables de los padres y pensó que hablar desde la voz del niño podría dar a los adultos otra mirada.
El niño siempre quiere ayudar a sus padres llevando una parte de la carga y su sufrimiento suele quedar muchas veces invisible.

CARTA A MIS QUERIDOS PADRES DIVORCIADOS:

Hace ahora 3 años que os habéis divorciado. Yo tenía 10 años y no sabía nada de lo que esa palabra significaba, tan sólo algunas niños de mi clase me decían que sus padres estaban divorciados.
Desde entonces hasta hoy, he aprendido los días que me toca estar con cada uno, las cosas que no me quiero dejar cuando voy a la casa del otro, las actividades que podré hacer y las que no, según con quien esté….pero además he aprendido cosas que nunca hubiera deseado saber y que os quiero contar:

  • que no puedo hablar de mi padre cuando estoy con mi madre.
  • que ellos no se hablan desde hace tiempo y que cada vez que quieren algo, soy su correo personal. A mí nadie me pregunta como me siento haciendo esto.
  • que no me parezco a mi padre, que yo soy una persona propia y que cada vez que mi madre se enfada conmigo, me dice que soy igual que mi padre, alguien a quien ella no puede ni mirar.
  • que mi padre siempre dice que él no habla mal de mi madre, y es verdad, no la nombra, y yo si por descuido lo hago, la tensión se corta en el aire.
  • que no siento que “ tengo permiso” para querer a los dos y decirles que los necesito a ambos, y que vivir en medio de esta guerra, me llena de pena y también de rabia. Muchas veces estoy enfadada y mis padres me dicen que tengo que ir al psicólogo.
  • que muchas veces creo que si no hubiera existido yo, mis padres no estarían peleados.
  • que estoy muy cansada de ser “ diferente” de mis amigas que celebran los cumpleaños juntas y cuando llega navidad, pueden decir lo que piensan sin que esté todo escrito en el convenio. También tengo amigas que sus padres están divorciados y se encuentran y hablan. Pero a mí esto no me pasa.
  • que sólo puedo confiar en mis amigas porque con vosotros, tengo que tener mucho cuidado en lo que digo.
  • que a veces os diría que dejéis vuestra guerra porque yo estoy en medio y ninguno de los dos “ me ve”, ni ve como me siento. Que aunque estéis divorciados, necesito que os habléis, pero no de dinero, ni pensiones, ni cosas que no quiero saber.

Sólo quería expresar mi opinión y desearos que hagáis una vida feliz , cada uno a su manera y que en esa vida, yo quiero estar cerca vuestro, de los dos y de cada uno. Porque a mí no me importa que os hayáis separado, lo que me importa mucho es que no os miréis con respeto. Y esto me hace mucho daño.
Os necesito mucho en mi vida y necesito que entendáis la fuerza que me podéis dar si estáis a mi lado y lo despistada que voy por la vida cuando no podéis hablar ni por teléfono.
Quizás hiciera falta que los jueces, cuando escriben el convenio, pongan un tiempo para pelearse, dos, tres años… y luego esté prohibido vivir en guerra permanente. Sería posible?

Artículo 09 de la Convención de los derechos del niño:

“Ningún niño o niña debe ser separado de sus padres, a menos que sea por su propio bien. En el caso de que tu padre o tu madre estén separados, tienes derecho a mantener contacto con ellos fácilmente.”